lunes, 23 de abril de 2012

Fiesta para llorar - Jacobo Zabludovsky

Bucareli

Fiesta para llorar

1 de mayo. Día de los derechos del trabajador. La muerte de algunos obreros que indignados por las injusticias protestaban en las calles de Chicago detonó la lucha iniciada cuando la revolución industrial transformó la relación entre el empleado y su empleador.

El 1 de enero es el día dedicado a rendir homenaje a los caídos y a celebrar la conversión de sus peticiones en una nueva rama del derecho, un derecho tutelar del trabajador con el fin de disminuir su debilidad frente al poder del patrón para lograr un pacto entre iguales: nuevas leyes garantizaban la sindicalización y el respeto a sus representantes, el derecho de huelga, los contratos colectivos, el salario mínimo, la jornada máxima, la prohibición del trabajo infantil, las vacaciones pagadas, los permisos por enfermedad, la seguridad en el taller, el retiro por vejez.

La Revolución Mexicana fue la primera en el mundo, antes de la soviética, en elevar el derecho de los trabajadores a rango constitucional. En el artículo 123 se detallaron principios como el de la protección a la mujer, el salario igual a trabajo igual, la participación en las utilidades. Y la Ley Federal del Trabajo vendría a detallar y fortalecer la intención del constituyente, uniendo a las causas agrarias iniciales de la lucha armada los problemas derivados de la nueva maquinaria, de manera notable en las industrias minera y textil. La legislación laboral mexicana fue durante décadas motivo de orgullo y ejemplo mundial. Ya no.

El 1 de mayo ha perdido su contenido. En otras épocas los días previos servían para preparar la gran manifestación obrera, con participación de jornaleros de todas las ramas de la actividad humana, desde la más modesta hasta la de mayor sofisticación técnica o científica. El Zócalo se tapizaba de grandes mantas en apoyo a lo alcanzado y de exigencias de lograr lo faltante, actualizar el marco jurídico para adaptarlo a una realidad en constante cambio.

Los medios de información de hoy, a una semana de la ex fiesta, prueban en qué medida los gobiernos panistas han logrado revertir en dos décadas lo logrado en las anteriores ocho. Tomo al azar los periódicos nacionales y recojo testimonios sobre a qué grado este gobierno cumplió su promesa de ser el del empleo. “En lo que va del sexenio de Felipe Calderón el salario real de los trabajadores mexicanos ha registrado una pérdida de poder adquisitivo de 42%, revela un estudio del Centro de Análisis del CAM de la UNAM. Al principio de la actual administración un trabajador podía comprar más de siete kilos de tortillas con un salario mínimo, mientras que ahora solo le alcanza para cinco kilos 600 gramos”. La misma fuente sostiene que “el número real de desempleados en México es de 8.7 millones de personas y no los 2.4 millones que el INEGI sumaba al cierre de 2011”. Cifras frescas: “LA OCDE informa que la tasa de desempleo en febrero fue de 5.2%, la más elevada de los últimos seis meses”.

Otro: “Juan Sherwell, especialista del Tec de Monterrey, anota que los trabajadores han perdido 3% del poder adquisitivo cada año en lo que va de este gobierno”. Uno más: “La inflación promedio ha sido de 4% en estos cinco años, mientras el costo de los alimentos ha subido entre 7% y 10%”. Lea: “Se han gastado el dinero de los trabajadores… secan a Pemex… los pasivos laborales crecen 12.7% respecto a 2011… la empresa tendrá que hacerse de recursos para pagar las pensiones”. El mismo diario: “El Senado baja de 25 a 15 salarios mínimos la exención de impuestos a jubilados y pensionados”.

Todas las medidas agravan la pobreza de los asalariados. Ninguna traiciona la vocación empresarial del gobierno, protector del capital y de la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, aberración que nos ha dado espantosa fama mundial. Un encabezado también del jueves: “Subieron 33% las utilidades de la banca en México en el primer bimestre: CNBV”. A lo sufrido por todos los trabajadores agregue usted los agravios contra ciertos grupos: el de la Compañía de Luz y Fuerza, el de Mexicana de Aviación, el de las viudas y huérfanos de Pasta de Conchos, los de la mina de Cananea, los maestros de Oaxaca, los padres de los 100 niños quemados (49 muertos) en una guardería para empleados públicos. El denominador común de las carencias y tragedias es el de afectar a los más miserables. Qué casualidad.

No hay razón para el júbilo. Estamos en las vísperas de la ira, no de vestirnos para una fiesta fallecida.

No es hora de lanzar cohetes, sino de impedir la continuación de una política contraria a los intereses de la enorme mayoría de los mexicanos.

Recobrar el 1 de mayo.

Fuente: El Universal