domingo, 24 de abril de 2011

Más sobre el dolor


La semana pasada hablé en este mismo espacio de cómo para unos la vida se ha convertido en dolor mientras que para otros la vida sigue.

Entre aquellos a quienes les ha sucedido una desgracia, hay los que, por paradójico que parezca, tienen mejor suerte que otros, pues no es lo mismo que un ser querido muera de vejez o de enfermedad o de accidente aun si es joven, a que muera asesinado. Y dentro de eso, no es lo mismo morir inmediatamente que haber sido herido y vivir larga agonía o peor todavía, haber sido violado o torturado. Y hay todavía una triste categoría más, que es la de los desaparecidos, porque allí no hay la certeza de si está muerto, de modo que siempre queda un resquicio de esperanza. O de mayor desesperación, pues si está vivo es inevitable imaginar cuáles pueden ser las circunstancias de su vida.

En las semanas recientes, con el hallazgo de tantos cadáveres, ha sido impresionante lo que nos hemos enterado de cuántas personas buscan a parientes desaparecidos. Es obvio que esto no empezó apenas, pero nunca nos lo habían dicho.

Hay pocos relatos en los que se recogen las historias de las familias que cuentan su dolor y sus vía crucis para tratar de encontrar a sus seres queridos desaparecidos o muertos. Llama la atención que siempre son mujeres: una madre, una esposa, una hija, una hermana que hacen esa búsqueda y cuyo único deseo es encontrar a su ser querido y si además de esto se puede, conseguir que se haga justicia.

Los relatos son sobrecogedores por sí mismos, pero también por la actitud de las autoridades.

Algo impresionante es a lo que llegan algunos con tal de conservar la esperanza: “Que por lo menos haya sido secuestrado, porque nos cuentan que reclutan a muchas personas y las sueltan hasta que ellos deciden. Puede pasar un mes, dos, mucho tiempo, esperamos que este sea nuestro caso, la familia confía en que esté vivo”.

Esperanzas como esta se fortalecen cuando se encuentra a personas plagiadas vivas. Pero al mismo tiempo, esos casos alimentan la desesperanza, porque también hacen evidente el peligro en el que vivimos al confirmar la inseguridad en carreteras y medios de transporte y la incapacidad o falta de voluntad de autoridades y policías.

También es impresionante ver cómo las familias van de un lado a otro tratando de obtener información, alguna pista sobre el paradero de quien buscan. Se trasladan de ciudad en ciudad, incluso a la capital, y allí los remiten de una oficina a otra oficina, del Ministerio Público a la policía, de la PGR al Semefo. Tienen que hacer trámites, llenar papeleo, responder a preguntas, hacerse análisis de sangre. Y aun si están dispuestos a todo esto, no siempre les resulta: hay un relato de unos a los que no les aceptaron levantar la denuncia “porque ahorita sólo atendemos las de desaparecidos el año pasado y no de antes”.

¡Es el colmo!

Y todavía peor la tienen aquellos que ni siquiera son ciudadanos mexicanos y pretenden encontrar a su pariente. Es el caso de los centroamericanos. Así como nunca nos dijeron que estaban sucediendo los secuestros de autobuses (imposible pensar que nadie lo sabía) así no nos dicen nada sobre esos extranjeros. En días pasados recibí un correo electrónico de una lectora en Estados Unidos que me dice: “Todos los amigos centro y suramericanos con los que platico tienen un pariente perdido o saben de alguien que perdió un pariente. Y no sale en ningún medio. Los centroamericanos por más que piden ayuda a sus países o a las autoridades mexicanas, nadie les hace caso”.

¿Qué vamos a hacer con México? ¿Es que ya no se va a poder tomar un autobús o irse en el propio auto a trabajar o a pasear?

Da mucho coraje que mientras esto sucede, los senadores se construyen edificio nuevo, el IFE se gasta 300 millones en remodelar su edificio y los magistrados se regalan bonos. ¿Son estos los que nos representan, cuidan nuestra democracia, imparten justicia? ¿No debería ese dineral gastarse en cosas que de verdad le hacen falta a los ciudadanos, desde mejor vigilancia hasta capacitación y concientización de los burócratas y funcionarios?

sarasef@prodigy.net.mxEsta dirección de correo electrónico está protegida contra robots de spam. Necesitas activar JavaScript para poder verla

Escritora e investigadora en la UNAM

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