jueves, 31 de mayo de 2012

SIMILITUDES DENTRO DE LAS DIFERENCIAS - Lorenzo Meyer

AGENDA CIUDADANA


Lorenzo Meyer

Comparando enojos: razones y lecciones


Las movilizaciones de jóvenes que están teniendo lugar en varias ciudades mexicanas son un elemento nuevo en esta última etapa del proceso electoral del 2012. Pese a lo inesperado, lo ocurrido no es algo excepcional, tiene su contraparte en otras latitudes.

Todo evento histórico es único pero, a la vez, no hay nada enteramente nuevo. Primero surgió la "primavera árabe", con sus peculiaridades en cada país de la región. Luego aparecieron los "indignados" españoles, los "Occupy Wall Street" americanos y las manifestaciones de estudiantes en Santiago. Todos esos procesos han obedecido a problemáticas específicas pero tienen elementos comunes con lo que está sucediendo hoy en las ciudades mexicanas. Quienes participan o apoyan estas movilizaciones, pueden encontrar valiosas lecciones en lo que ocurrió o está ocurriendo en otras latitudes.

Quienes han analizando las raíces y dinámica del inesperado movimiento que estalló en Túnez al final de 2010, y que luego se extendió por el norte de África y el Cercano Oriente, concuerdan en la similitud de causas profundas, económicas y políticas (un análisis detallado se puede encontrar en Luis Mesa (ed.), El pueblo quiere que caiga el régimen: protestas sociales y conflictos en África del norte y en Medio Oriente, y en Foro Internacional, No. 208, ambos publicados por El Colegio de México en 2012).

Las protestas multitudinarias en el mundo árabe fueron por la demanda de un "nuevo trato" entre las sociedades y sus dirigencias políticas. En Túnez, como en Egipto, Libia, Siria o Bahréin, la movilización urbana no estalló como resultado de la acción o maquinación de los actores políticos presentes de tiempo atrás: partidos políticos u organizaciones de oposición ya existentes. No, la protesta tomó por sorpresa a gobiernos y a opositores. Se trató de una toma de la calle genuinamente espontánea y cuya magnitud y vehemencia asombró incluso a los propios participantes. La movilización del descontento surgió dentro de sociedades a las que se creía ya "acostumbradas a la servidumbre" y a la indiferencia, y de la que sus élites sólo esperaban pasividad y resignación.

En todos los casos, la nueva tecnología de la comunicación -las famosas "redes sociales"- permitió la difusión instantánea de la información y la autoconvocatoria de los descontentos. Sólo después de que la protesta se echó a andar y resistió los primeros embates violentos de los regímenes a los que cuestionó, aparecieron las organizaciones preexistentes como la UGT en Túnez o los Hermanos Musulmanes en Egipto, que buscaron apropiase de la nueva fuente de energía política, lo cual llevó a una confrontación entre la "fuerza de la desobediencia" y los políticos profesionales.

En el caso del mundo árabe, los motivos profundos del descontento urbano y juvenil que desembocó en las manifestaciones multitudinarias contra el orden establecido se encuentran, en primer lugar, en la desigualdad social creciente, en la ruptura del pacto social implícito entre el autoritarismo y las clases urbanas y que se estableció tras la descolonización. Ese pacto consistía en obediencia y pasividad de la mayoría al orden establecido a cambio de una mejoría económica paulatina, pero la "mundialización" de la economía neoliberal terminó por impedir su funcionamiento. La corrupción abierta, desvergonzada, impune, es otro elemento detonador, como también lo es la prevalencia del autoritarismo en una época en que la legitimidad de la democracia gana espacios en todo el mundo. Y no falta quien añada otro elemento: la urbanización caótica y deshumanizante de las urbes de la protesta -un brutalismo urbano caracterizado por la pobreza, el hacinamiento y la ausencia de esperanza.

La insatisfacción es generalizada, pero hay una muy específica de los jóvenes, y cuya causa se encuentra lo mismo en el mundo árabe que en América Latina, Europa e incluso Estados Unidos: lo precario del horizonte material. La globalización ha destruido las viejas formas económicas pero las nuevas ofrecen poco o nada a jóvenes que no se pueden emplear o alcanzar una forma de vida al nivel de sus expectativas. Y esto mientras cotidianamente ven a una minoría ligada al aparato de poder prosperar de manera insultante, obscena. Aquí aparece el concepto de "globalización indirecta", que se refiere a la experiencia de esos países que no pueden aprovechar las supuestas ventajas del neoliberalismo, pero cuyas sociedades pagan todos sus costos: ausencia o precariedad del empleo y alta concentración del ingreso.

LOS PUNTOS DE CONTACTO

"Los enojados", como llama alguna prensa extranjera a los jóvenes manifestantes mexicanos, ganaron la calles de manera sorpresiva y el detonador fue un incidente aparentemente secundario -la reacción del PRI al abucheo de su candidato en una universidad privada- como en Túnez. Su forma de organización son las redes sociales, su liderazgo es nuevo y flexible, como el de los jóvenes de España o Estados Unidos.

En México "los enojados" tienen como uno de sus motivos inmediatos de protesta el mismo que opera en el resto de los países de protestas masivas: la brutal reducción de su horizonte económico. Hoy, una economía de mercado donde el PIB apenas crece ofrece al joven que sale de las universidades, cuando le ofrece algo, un empleo inseguro y remunerado muy por debajo de sus expectativas. Pero junto al problema económico está otro, tan o más profundo: el sentido de marginación y de humillación. La raíz de tal sentimiento es la actitud de una clase política y de una élite económica que ha hecho de la supuesta democratización mexicana una burla. Para todos es evidente la prevalencia de la impunidad y de la corrupción pública y privada. Es particularmente antidemocrática la manipulación que hace de las noticias una televisión monopolizada y que es la fuente principal o única de la información política en que abreva la mayoría de los mexicanos.

Como en el Cercano Oriente y Noráfrica, en México es insultante la diferencia en las formas de vida de la minoría rectora -un botón de muestra lo acaba de ofrecer, motu proprio, la hija del líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, que deambula por el mundo en un estilo propio de miembro de una monarquía árabe (Reforma, 19 de mayo), frente al de las clases media y popular de México.

Se dice que, a diferencia de África del Norte y Medio Oriente, en México quienes protestan ya no confrontan a un antiguo régimen autoritario, pues a partir del 2000 México goza de uno nuevo, democrático. Esta es una verdad a medias, pues en realidad el cambio de guardia en "Los Pinos", del PRI por el PAN, no tocó en lo fundamental la estructura de poder y privilegios del viejo régimen autoritario ni sus prácticas corruptas. En varios estados el PRI nunca ha dejado la Casa de Gobierno y ya ha cumplido 83 años ininterrumpidos en el poder, situación única en el mundo actual. Así pues, la protesta política en México, especialmente la dirigida contra un PRI que es fiel a su pasado y que amenaza con regresar a la Presidencia en la próxima elección, es una protesta contra un régimen que finalmente nunca se ha ido y cuya esencia repele a los jóvenes que han salido a las calles.

Si un PRI que mantiene su esencia original no sólo gana en 2012 la Presidencia con un heredero del grupo Atlacomulco al frente, sino que también logra mayoría en el Congreso y extiende su dominio a más de los 20 estados que hoy controla, lo poco de democracia que hay en México estará a la defensiva y en peligro, pues el PAN y el PRD han demostrado ser organismos absolutamente cooptables cuando están en la oposición.

LOS PELIGROS

Las manifestaciones son política de alta intensidad que no necesariamente gana en las urnas, donde domina la política de alta extensión. La sociedad ya ha ido a las manifestaciones, ahora toca a los manifestantes no conformarse con las concesiones dadas por la televisión producto de su presión e ir ellos a esa parte enorme de la sociedad que sigue apática y convencerla de usar su voto no para legitimar el retorno del pasado o de otra fórmula no democrática. El ejemplo de Egipto debe alertarnos, pues ahí la "primavera árabe" amenaza con acabar abriendo el camino del poder a un general del antiguo régimen, o bien, a un islamista.

La movilización del 68 del siglo pasado terminó en tragedia, esta no debe tener un fin equivalente. Debe prepararse para el largo plazo, para ser el antídoto contra las centenarias inercias que buscan cimentar en México una contradicción: un autoritarismo democrático.