lunes, 25 de junio de 2012

¿Voto Sueco? ... México, las tres décadas perdidas

Reporte Económico

¿Voto Sueco?

David Márquez Ayala


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Todos los ciudadanos tendremos la oportunidad de elegir el próximo domingo a la corriente política que, desde el Ejecutivo Federal y el Congreso, tendrá en sus manos para bien y para mal el rumbo del país en los próximos años.

Quitando de la escena electoral a los abstencionistas de siempre y a los anulistas de nuevo cuño - que al menos deberían reembolsarnos lo que cuesta su no voto - los votantes elegiremos entre tres fuerzas políticas de clara identidad y representatividad (sin incluir al PANAL) en el país, todas ellas probadas en el poder y con conocidas historias, prestigios y desprestigios, virtudes y defectos, carencias y aptitudes para gobernar, y a las que cada quien evaluará desde su propia óptica.

Hay sin embargo un elemento fundamental, el factor económico, cuya orientación es sin duda lo más importante que vamos a definir en la elección, pues nos afecta e impacta a todos y es por ello motivo de reflexión de este Reporte.

Con el virtual golpe de Estado que en 1982 llevó al entonces hegemónico PRI a traicionar su historia y principios, girar 180 grados, robarle al PAN su programa económico, y someter al Estado al poder del dinero, el país fue encausado en la regresión neoliberal.

Las tres décadas perdidas

Al margen de consideraciones ideológicas, las tres décadas de neoliberalismo alternado que lleva el país arrojan, objetivamente, resultados desastrosos para la Nación, la economía y la sociedad:

Con este modelo económico, el país fue despojado de sus impulsores del crecimiento y también de sus anclajes de control, equilibrio y estabilidad, precipitándolo a una fase de irracionalidad económica, crisis y pérdidas cuyo saldo ha sido el estancamiento. Entre 1982 y 1993 el PIB por habitante decreció a una tasa media anual de -0.7%, y entre 1993 y 2011 dicha tasa sólo fue de 0.9% (Gráfico 1).

La distribución del (magro) ingreso resultante entre la población - históricamente una de las estructuras más desiguales del mundo - tiene hoy (2010) una conformación casi igual a la de 1983, sólo con una pequeña mejoría en los deciles más pobres por los programas asistenciales y con una pérdida en los deciles VI a IX correspondientes a la llamada clase media; el 10% más rico sigue concentrando el 34% del ingreso y en los 90s llegó a apropiarse más del 38% (Gráfico 2). Avance y modernización habrían sido salir de esta estructura distributiva tercermundista y acercarnos a una como la de Francia o Suecia.

Rotas las estructuras y las cadenas productivas, la economía se volvió cada vez más desarticulada e incapaz de generar empleos formales. De la Población Económicamente Activa ampliada, en 1996 había 30.3 millones de personas en subempleo, desempleo abierto, u ocupaciones informales, y en 2011 ya son 41.2 millones, muchos de ellos jóvenes (Gráfico 3).

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En paralelo, los salarios y otras remuneraciones al trabajo han reducido marcadamente su participación en el ingreso nacional, transfiriéndose esta pérdida a un aumento concomitante de las utilidades de las empresas (Gráfico 4).

El salario mínimo, medido en términos reales (índice 1994 = 100), registró en ese año apenas la tercera parte del poder adquisitivo que tuvo en 1976; y entre 1994 y 2011 perdió adicionalmente 27% (Gráfico 5).

No es pues extraño el rezago abismal que acumula dicho salario mínimo frente al costo de los alimentos y otros satisfactores básicos, empobreciendo más a los trabajadores de bajo ingreso y a pensionados indexados a él.

En la educación, la cobertura sigue siendo asignatura pendiente (Gráfico 6). A un siglo de la gesta traicionada, el país sólo atiende al 72% de la población en edad preescolar, al 98% en primaria, al 92% en secundaria, al 66% en preparatoria, y al 28% en educación superior.

Consecuencia lógica ha sido la persistencia y repunte en los últimos años del número de personas en niveles de pobreza: 57.7 millones (el 51.3% de la población) en 2010, de los cuales sobreviven en pobreza extrema (alimentaria) 21.2 millones de personas (el 18.8% de la población) (Gráfico 7).

Algunos logros y aciertos existen desde luego, pero éstos se tornan invisibles ante el cúmulo de desaciertos que la falta de espacio nos impide documentar y sólo podemos enunciar: en el campo, la industria, y la infraestructura; en telecomunicaciones, transportes, y puertos; en la banca, el sistema financiero y las pensiones; en el sector energético; en materia de alimentos (insuficiencia, contaminación y alteraciones), de agua y de deterioro ambiental; en los desequilibrios externos, la migración, el descomunal endeudamiento público, y la deliberada incapacidad fiscal... pérdidas incuantificables del patrimonio colectivo, desnacionalizaciones, megacorrupción,... y para remate, violencia y criminalidad crecientes, la inseguridad como forma de vida, y grandes zonas del país en virtual estado de guerra.

Visto y previsto en sus planteamientos, promesas y propuestas, está claro que con el PRI y el PAN la inercia de la treintena trágica continuará. Como única opción, el Movimiento Progresista (Morena, PT, MC y PRD) ofrece una esperanza de alternancia real y un proyecto estructurado de reorganización económica y desarrollo social.

No votemos a lo sueco. El Síndrome de Estocolmo no va con la política.

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