lunes, 4 de junio de 2012

Opiniones sobre La Cocina del Diablo de Héctor Díaz-Polanco

México: punto de quiebre

John Saxe-Fernández

Paco Ignacio Taibo II acertó cuando al presentar la semana pasada La cocina del diablo, de Héctor Díaz-Polanco (Planeta, 2012) desde la Fundación Heberto Castillo, dijo que La memoria es importante porque fortalece la mentalidad de los ciudadanos. En efecto, el trabajo meticuloso de Díaz-Polanco ofrece pistas y evidencias eje de los niveles en que se consumó el fraude de 2006. Hurgando bajo alfombras comiciales malolientes, saca a luz la basura de maniobras, zancadillas y tretas. Si bajo riesgo de gran desorden civil el PRI usurpó la Presidencia en 1988, ahora, al confirmar con nítida evidencia cruzada que la maniobra se repitió con el PAN en 2006, La cocina... también es vacuna: contiene anticuerpos para detectar y neutralizar trucos e identificar el mapachismo cortesano, esencial a una ciudadanía decidida al desahogo pacífico, transparencia electoral en mano, ante las graves tensiones por 30 años de reformas estructurales; de acumulados precipitantes de guerra civil; de corrupción máxima con el patrimonio nacional; de abierta guerra de clase con brutal agresión al salario, al sindicato, al empleo, al campo, a la educación, a la economía popular, a los encadenamientos productivos nacionales.

Hoy el panorama es desgarrador: la guerra desatada por Calderón, sea por impericia, orfandad de legitimidad o un atávico entreguismo, en el mejor de los casos, o por el contubernio con una maquinaria imperial empeñada en gestar el caos y la desintegración territorial que se asocia a un estado fallido, en el peor, se orienta a más saqueo por la vía de una economía caseta de cobro tipo Plan 2030, en que se subrogan (a firmas nacionales y/o extranjeras) todas las funciones públicas: educación, salud, seguridad, electricidad, infraestructura, cárceles, recursos –petróleo, gas, agua, forestas, minerales, costas, ríos, etcétera–, bajo un esquema de asociación público-privada al que le sobra México como nación independiente y soberana. En 2012 ¿otro fraude para demoler lo que resta luego del saqueo multimillonario sobre Pemex, ferrocarriles, bancos, comercios, maíz, frijol, bajo auspicio y guía del Banco Mundial, FMI, BID e Iniciativa Mérida?; ¿para seguir dejando una estela de luto, con ejecuciones extra-judiciales, hoy con más de 60 mil víctimas, muertos y desaparecidos, familias degradadas, desarraigadas?

Esa es la herencia del modelo impuesto desde 1982, con grave impacto en estados norteños, hoy como ayer, en la mira imperial. Con pasto seco, ¿por qué se lanzó la chispa a la pradera, usando a las fuerzas armadas en el combate al narco”, al crimen, incendiando al país con llamas de terror? Fue una acción inconstitucional, extraña, precipitada, cuando todos los protocolos requerían una depuración y afianzamiento de la administración de justicia, de los cuerpos policiales y de inteligencia; el control del lavado de dinero y del flujo de armas y sólo en última instancia la fuerza militar. ¿Por qué adoptó Calderón la línea del Pentágono? ¿Sólo podía gobernar como comandante en jefe, sin estado de derecho, haciendo del país un campo de batalla, ofreciéndolo en bandeja de plata a Estados Unidos? Con las morgues abarrotadas, la nación herida con fosas clandestinas y el PRIAN dispuesto a dar continuidad al diseño económico y de seguridad, vivimos un parteaguas solemne. Para revertir esta atroz senda sin que se termine de hacer pedazos el país, es necesaria la movilización dando certeza a los procesos comiciales. Y de eso trata La cocina... Al revisar de manera rigurosa y arropada por la memoria el despojo de 2006, –y el papel de los intelectuales– se refuerza la movilización ciudadana que vota, participa y vigila el proceso comicial.

Desde la Fundación Heberto Castillo se recordó que en 2006 no se conoció el software del sistema de cómputo de las elecciones. Díaz-Polanco insistió, con razón, en exigir que se haga público para que el proceso pueda ser seguido por cualquier ciudadano, poniendo en operación llaves cibernéticas en manos de los representantes de partidos. Se entiende lo vital que resulta, además, contar con el instrumental requerido para comprobar, en cualquier momento del proceso de la transmisión electrónica de datos, que no existan interferencias desde unidades móviles que los capten y deformen en su veloz tránsito desde los centros regionales a la central de acopio.

Que estamos en una encrucijada histórica lo refleja el rechazo a ser lanzados al despeñadero. Se palpa en las universidades, públicas y privadas, (UNAM, Politécnico, TEC de Monterrey, Ibero, etcétera). Ahí estudian quienes sienten, junto al pueblo, el despojo de nación y futuro en curso. El fuerte rechazo a la justificación de Peña Nieto ante la desorbitada represión en San Salvador Atenco y a su aval a la guerra que desgarra a México, indican que estamos en un punto de quiebre. La cocina... ofrece reflexión fresca, concisa, para dar la batalla ciudadana en paz.

El fraude electoral de 2006

Araceli Damián*

“Haiga sido como haiga sido” es el cínico lema con el que Felipe Calderón reconoció que hizo trampa y mostró su falta de actitud cívica y democrática. Su llegada a la presidencia estuvo apoyada por poderes fácticos que gozan de enormes privilegios y que orquestaron el fraude electoral de 2006, como lo muestra el libro de Héctor Díaz-Polanco La cocina del diablo. El fraude de 2006 y los intelectuales(Editorial Planeta, 2012).

Esta publicación tiene la virtud de hacer un análisis retrospectivo sobre el proceso político que desembocó en el fraude, el cual está descrito en tres partes. En la primera se hace un análisis de los sucesos que despertaron en un origen la desconfianza entre las élites ante el honesto actuar de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Nos hace recordar el caso del paraje San Juan, terreno de propiedad federal con escrituras falsas, sobre el cual los jueces ordenaron pagar una millonaria indemnización a los supuestos dueños. Como Jefe de Gobierno del Distrito Federal AMLO se negó a pagar y comprobó que se trataba de una estafa. Empresarios, jueces y burócratas corruptos involucrados quedaron con las manos vacías y alertaron desde entonces sobre el peligro de perder privilegios y negocios jugosos con AMLO como gobernante.

También nos recuerda sobre los sucesos en torno al conflicto del Encino, cuyo desenlace, el injustificado desafuero, provocó una movilización sin precedentes, lo que orilló a las élites a buscar mecanismos para evitar que AMLO llegara a la presidencia de la República, preparando desde entonces el terreno para cometer el fraude electoral.

En la segunda parte, Díaz-Polanco ofrece la evidencia producida por los científicos mexicanos y extranjeros en torno a las inconsistencias de los datos presentados en los sistemas de cómputo del IFE (Instituto Federal Electoral). La evidencia abarca los resultados derivados del PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares), del CD (Conteo Distrital), del limitado recuento de casillas ordenado por el TEPJF (Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación), de las actas inconsistentes de casillas no incluidas en el PREP y otras fuentes hemerográficas y bibliográficas.

De acuerdo a las pruebas estadísticas a las que fue sometida la información, los científicos llegaron a la conclusión de que su comportamiento era atípico y que por tanto no existía certeza sobre los resultados de la elección. Todos ellos recomendaban un recuento voto por voto de una muestra representativa de casillas y, de encontrarse irregularidades, el recuento total.

Como bien señala el autor, ningún científico planteó en un primer momento que se hubiera cometido fraude; simple y llanamente mostraron que la magnitud de las inconsistencias hacía imposible saber quién era el ganador. Entre las irregularidades están que 60% de las casillas presentan errores aritméticos; en más del 50% del total de casillas hacían falta boletas (tres millones) o sobraban (819 mi). El total de las sobrantes era tres veces mayor a la diferencia reconocida al final entre Calderón y AMLO; ésta se redujo en más de la mitad cuando se incluyeron en el conteo los datos de las actas inconsistentes (de 1.4% a 0.58%).

Ante la negativa de las autoridades de realizar el conteo voto por voto, los científicos elaboraron pruebas más sofisticadas para mostrar la necesidad de éste. Por ejemplo, con base en la Ley de Benford, que establece que la probabilidad de que en una serie de números aparezcan los dígitos del cero al nueve no es la misma y que va de mayor a menor probabilidad (30.1% para el uno y 4.6% para el nueve), demostraron que los datos de las actas fueron alterados agregando ceros y unos. De igual forma se demostró que la alimentación del PREP no fue realizada de manera aleatoria, conforme se produjeron los resultados, sino que hubo una ordenación de menor a mayor porcentaje de votación para Calderón y de mayor a menor para AMLO.

Aparece aquí la idea de que no fueron simples errores humanos, sino que hubo una intervención directa para producir los resultados deseados, es decir, se cometió fraude. Esta evidencia se liga con la tercera parte del libro, que contiene una valiosa reflexión sobre el papel que jugaron los “intelectuales” en la defensa a ultranza de la idea de la “pulcritud” de la elección y del actuar de los principales agentes involucrados, tratando de construir una “verdad” sin fundamento (es decir una mentira), contribuyendo a la imposición de un gobernante ilegítimo.

Además de esta evidencia Díaz-Polanco documenta las acciones fraudulentas cometidas a la “antigüita” por miembros del SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación) y su líder Elba Esther Gordillo, la falta de cuidado de casillas por parte de los partidos de izquierda, la impropia intromisión de Vicente Fox, el impropio actuar del ex-presidente del IFE (Luis Carlos Ugalde), la orden dada por éste para evitar el recuento de casillas ante impugnaciones de representantes de partidos, etc.

Una de las conclusiones del libro es la posibilidad de que este fraudulento actuar vuelva a presentarse en las próximas elecciones. Por ello es necesario exigir, como lo plantea el autor, que se lleve a cabo la recomendación del Comité Técnico Asesor del PREP, de hacer público el software que se utilizará, instalando mecanismos de autenticidad que permitan verificar que es el que está siendo utilizado y que éste no está siendo manipulado. La participación de la sociedad civil y de la comunidad académica independiente en este proceso es igualmente necesaria para tratar de evitar un nuevo fraude.