miércoles, 25 de abril de 2012

Los 3 cochinotes - Froylán López Narváez


Froylán López Narváez



No hay manera de evadir la calificación de cochinos, grandes, a los partidos principales del país, sobre todo con base en las acusaciones graves, casi nunca groseras, que se lanzan: mentirosos, abusivos con raterías de bienes y fondos públicos, tramposos, tortuosos, nocivos para la independencia y las reivindicaciones sociales, se dicen priistas y panistas. También perredistas escupen agravios.

Quien más gana epítetos y desdenes, y aún desprecios, es Enrique Peña Nieto. A la señora Josefina Vázquez Mota le llueven imputaciones de impericia, de someterse, finalmente, a Felipe Calderón y de estar cercada por dependientes directos de la feligresía política del michoacano. El sarcasmo ha mercado chistes sobre su mala fortuna y desacierto propagandístico.

Que la señora no irá a buscar votantes a Xochimilco pues teme un tsunami; que la gente votará diferente...por otros; que ya pelea por el cuarto lugar con un tal Gabriel Quadri; que los satélites no la quieren...

Mordacidades y desprecios espontáneos aparte, la trifulca por aparecer como "el" (o "la") mejor no cala sobre los planes, propuestas que han elaborado pues se supone que las campañas podrían ser decisivas a la hora de votar y no los planes. Tampoco hay enojos constantes por las imputaciones de exceso de gastos en la aventura electoral priista; aunque es patente el extremo en publicidad fija el priista arrasó (2,187) y los otros muy abajo. Vázquez Mota 657 y AMLO 643. En vallas, parabuses, espectaculares y bardas también apabulló el mexiquense. No así en mantas, en donde el PRD ganó. Han de der más baratitas.

Guadalajara, Monterrey y el DF son los lugares en que han producido empeño grande para procurar impactos visuales. Han de suponer que esas imágenes prevalecen o que suscitan simpatías. Únicamente el atlacomulca vende su apariencia de guapetón de mediados de los años cincuenta del siglo pasado. La señora no se exhibe ni de sexi, ni de aseñorada, ni en huipil, ni...

El juego de las estadísticas, su artilugio prevaleciente. La matematización, o aritmetización, de preferencias por partidos y personajes principales ocupa planas y foros; discusiones van y vienen y no ha habido posibilidad de configurar ideas, no se piensa en ideologías que los distingan. Por supuesto ninguno proclama nociones revolucionarias o radicalismos.

Los ciudadanos pretendientes al Poder Ejecutivo Federal son reformistas. No establecen ninguna idea que trascienda el lugar común del cambio. Todos mejorarán esto o aquello. Sus declaraciones acerca del enfrentamiento ambiguo de la plaga mortal mexicana, la delincuencia organizada y la desarticulada, se concentran en la unificación de policías; en el retiro gradual, indefinido, impreciso, de las Fuerzas Armadas en tareas policiacas muy frecuentemente ilegales, mortíferas, indiscriminadas.

Lo prueba el hecho tardío, muy tardío de frenar activismos represores con regulación postrera con protocolos para la presentación y puesta a disposición de detenidos y la preservación de detenidos y la preservación de evidencias en investigaciones. Su formalización implica admitir las mil y una barbaridades cometidas por militares ajenos a la ley común y desatentos a los derechos humanos. Es mucho y bueno que el uso de la fuerza sea el último recurso para contestar una agresión o para la defensa de poblaciones.

No es poca cosa impedir, por lo menos con protocolos, que se usen armas de fuego para evitar evasiones, fugas; salvo cuando la resistencia criminal favorezca inminencia de muerte o lesiones graves. Sí, con conformismo parcial: más vale tarde que nunca. La violencia oficial ha corrido pareja, a menudo con la brutalidad de numerosos delincuentes.

Tiene razón, y quizás pesadumbre, Felipe Calderón que lamenta, en el extranjero, que pueda ser recordado por la vinculación muy achacada de violencia y delincuencia. No externó en Washington el reconcomio del desempleo. El reconocimiento de que hay un perfil, "la sustitución del Estado de Derecho por un estado de temor", es muy ominoso, fatalista. Así y así será en un largo plazo o para siempre.

Definió sus posibilidades para cuando sea desplazado del poder sexenal. Explicita su ideología y planes; atender a su familia, descansar y luego, conforme a sus creencias profundas, trabajar en la iniciativa privada como abogado o economista. No falló en sus reproches al gobierno cubano y a la desatención gringa con América Latina. Ha de ser triste, feo, fatal, terminar así.