sábado, 27 de agosto de 2011

Lanzan federales mexicanos operativos antidrogas desde EU

The New York Times | 27-08-2011

Washington— El gobierno de Obama ha ampliado su participación en la lucha que sostiene México contra el crimen organizado permitiéndole a la Policía de ese país que lleve a cabo desde dentro de Estados Unidos operaciones contra cárteles en territorio mexicano, de acuerdo con funcionarios administrativos y militares de alto rango. Comandos mexicanos han viajado discretamente a EU, se han reunido en áreas designadas y han realizado misiones en helicópteros al otro lado de la frontera (en México), cuyo objetivo han sido los narcotraficantes.

La DEA les proporcionó un apoyo logístico en el lado americano de la frontera, según dijeron los funcionarios, organizando el ensamblaje y compartiendo la inteligencia para ayudar a que México tome decisiones acerca de los objetivos y las tácticas.

Comentaron que las llamadas “operaciones bumerán” pretenden evadir la vigilancia (y la corrupción) de las organizaciones criminales que monitorean cercanamente los movimientos de las fuerzas de seguridad dentro de México.

Agregaron que los esfuerzos estuvieron destinados a que las áreas de acción contaran con una estrecha seguridad para los oficiales estadounidenses y mexicanos que aplican la ley, y colaborar en la persecución de los criminales que operan en ambos lados de la frontera.

Aunque estas operaciones siguen siendo escasas, son parte de una amplia campaña estadounidense que pretende disminuir el poder de los cárteles mexicanos que han construido redes criminales que se han extendido a todo el mundo e iniciaron una ola de violencia en México que ha dejado más de 35 mil personas muertas.

Muchos aspectos de la campaña permanecen de manera secreta debido a la sensibilidad legal y política.

Sin embargo, en los últimos meses los detalles han empezado a surgir, revelando los esfuerzos que podrían haber sido impensables hace cinco años.

El presidente de México, Felipe Calderón, quien fue elegido en 2006, ha roto con la sospecha histórica que tiene el país en contra de Estados Unidos y ha aceptado la ayuda de Washington para derrotar a los cárteles, lo cual es una de las principales prioridades para su gobierno.

Los aviones no tripulados American Predator y Global Hawk vuelan actualmente sobre el territorio mexicano para captar videos de las instalaciones donde se produce la droga y las rutas de contrabando.

Un avión tripulado estadounidense vuela sobre objetivos mexicanos para escuchar sus comunicaciones a través de los teléfonos celulares.

La DEA ha establecido un puesto fronterizo de inteligencia (operado por agentes de la Agencia Central de Inteligencia y personal militar retirado de Estados Unidos) en una base militar mexicana.

“Siempre ha habido la voluntad y el deseo por parte de Estados Unidos de participar más en los esfuerzos que está haciendo México”, dijo Eric L. Olson, experto en México en el Centro Woodrow Wilson.

“Sin embargo, han habido algunos desarrollos innovadores en el lado mexicano, y hemos observado a oficiales que están dispuestos a tomar algunos riesgos. Incluso riesgos políticos al trabajar cercanamente con Estados Unidos para llevar a cabo misiones muy sensibles”.

Ven intereses políticos en estas acciones

Aunque la cooperación sigue siendo una fuente de tensiones políticas, especialmente en México donde las clases políticas se sienten recelosas de Estados Unidos, lo cual data de la Guerra México-Americana de 1846.

Las recientes revelaciones acerca de la expansión de la participación de Estados Unidos en los principales esfuerzos de seguridad nacional que está haciendo el país han desatado una tormenta de demostraciones de enojo, pero Calderón ha antepuesto sus propios intereses políticos ante la soberanía mexicana.

El partido político de Calderón enfrenta una elección el próximo año que es considerada en parte como un referéndum de su decisión para extender su campaña en contra de los narcotraficantes.

El subsecretario de Estado, William J. Burns, se vio involucrado en ese debate durante una visita que hizo a México en este mes, y defendió enérgicamente la sociedad que han desarrollado los dos gobiernos.

“Simplemente voy a repetir que existen límites muy claros respecto de nuestra participación”, comentó Burns.

“Nuestro papel no es el de dirigir las operaciones. No es el de involucrarnos en las actividades de aplicación de la ley: ése es el deber de las autoridades mexicanas. Y así es como debe ser”.

Para evitar ser detectados, policías mexicanos viajaron a Estados Unidos vestidos de civil en vuelos comerciales, según dijeron dos oficiales militares.

Posteriormente, los oficiales fueron regresados a México en aviones mexicanos, los cuales dejaron a sus agentes en o cerca de los objetivos.

“Los cárteles no esperan que la policía mexicana venga de Estados Unidos”, comentó un oficial militar de alto rango.

Ninguno de los oficiales que fueron entrevistados acerca de las “operaciones bumerán” hablaron públicamente acerca de ellas, y se rehusaron a proporcionar detalles sobre el lugar adónde fueron llevados o cuáles organizaciones criminales fueron seleccionadas.

Agregaron que las operaciones fueron llevadas a cabo sólo en un par de ocasiones en los últimos 18 meses y que no habían resultado en arrestos significativos.

Los oficiales insistieron en que el Pentágono no está involucrado en las operaciones al otro lado de la frontera, y que los estadounidenses no tomaron parte en las redadas contra las drogas en territorio mexicano.

“Éstas no son operaciones conjuntas”, comentó un funcionario administrativo de alto rango. Se trata de operaciones mexicanas independientes en las que el ensamblaje fue proporcionado por Estados Unidos”.

A través de la historia

Ex oficiales estadounidenses que fueron apostados en México describieron las “operaciones bumerán” como un nuevo impulso de una antigua estrategia que fue utilizada brevemente a finales de los años 90, cuando la DEA ayudó a México a tomar medidas severas contra el Cártel de Tijuana.

Para evitar los riesgos de que el cártel fuera advertido de los movimientos de la policía por vigilantes o por los mismos oficiales de la policía, ex oficiales dijeron que la DEA hizo arreglos para que policías mexicanos que fueron investigados exhaustivamente, participaran en operaciones en Camp Pendleton, en San Diego.

A los oficiales mexicanos no les proporcionaron los nombres de los objetivos hasta que estuvieron totalmente asegurados en la base. Tampoco les dieron a conocer los detalles logísticos.

Otro ex oficial de la DEA comentó que esas antiguas operaciones dieron como resultado los arrestos de un puñado de líderes del cártel de mediano nivel.

Sin embargo, dijo, terminó en el año 2000 cuando los líderes del cártel contraatacaron.

En los últimos meses, México estuvo de acuerdo en apostar un equipo de agentes de la DEA, operadores de la CIA y oficiales retirados del ejército estadounidense en una base militar mexicana, para ayudar a llevar a cabo operaciones de inteligencia, reforzando el trabajo de una “célula de fusión” similar que ya se encontraba en la Ciudad de México.

Mientras tanto, el Pentágono sigue preparando de manera constante las partes del ejército para que se haga responsable de la lucha contra las drogas, poniendo una particular atención en algunas lecciones que ha obtenido de casi una década de operaciones de anti terrorismo en Afganistán e Irak.

En el Comando Norte (el cuartel general del ejército que se encuentra en Colorado Springs y que es el responsable de las operaciones norteamericanas) varios oficiales de alto rango que tienen años de experiencia en luchar contra al-Qaida y grupos afiliados, están estudiando minuciosamente la inteligencia acerca de las redes de narcotráfico mexicano.

Uno de los oficiales comentó: “El ejército está tratando de utilizar lo que hizo en Afganistán para hacer lo mismo en México”.

Eso es exactamente lo que algunos mexicanos temen, comentó la analista política mexicana, Denise Dresser.

“Yo no me opongo necesariamente a que haya una participación mayor de los estadounidenses”, dijo Dresser.

“Sin embargo, si ésa es la manera en que el gobierno mexicano quiere hacer las cosas, tiene que sincerarse. Sólo hay que ver lo que aprendimos en Irak. La discreción condujo a una mala conducta, a la corrupción, a la tortura, a la inestabilidad y quién sabe cuándo se resolverán esos problemas”.

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