martes, 10 de mayo de 2011

Genaro Calderón * Combo sangriento * Renuncia inviable * Campeón de camposanto

Astillero


Felipe Calderón y Genaro García Luna son uno. Juntos comenzaron la sangrienta aventura bélica del sexenio y juntos la habrán de terminar. Es tanta la fuerza del ingeniero metido a policía (derivada, obviamente, del poder de Los Pinos), que ha pretendido instaurar una suerte de vicepresidencia ejecutiva (es decir, que ejecuta) a la que, según sus pretensiones, deberían rendir cuenta, o coordinarse con ella, los mandos militares tradicionalmente acostumbrados a cuadrarse solamente ante el ocupante en turno de la Presidencia de la República.

García Luna es todopoderoso, es decir, es Felipe Calderón Hinojosa. Lo mismo crea y recrea escenografías e historias de policías y ladrones para efectos mediáticos (aunque con ello provoque escándalos internacionales, como el habido con las autoridades francesas a cuenta de una mujer acusada de ser integrante de una banda de secuestradores) que teje a nivel nacional su sueño dorado de tener una policía única bajo su fortalecido mando o mantiene latente su aspiración de avanzar en el plano político, incluso considerando la posibilidad de ser un candidato de última hora de las necesidades de mano dura que la realidad que va modelando exijan muy a su conveniencia. Pero no sólo es un operario eficaz de la maquinaria de sangre y muerte que tanto complace a Calderón ver funcionando, ni su éxito cortesano proviene nada más del suministro a la superioridad de relatos, victorias, intrigas, apodos y viscosos detalles de la cotidianidad policiaca a su cargo: es, sobre todo, una especie de grandísimo intelectual de la barbarie, un tosco productor de estrategias y tácticas a gusto de su jefe obsesionado con la guerra, un contertulio a modo de las necesidades del estadista de nota roja, un cómplice zafio, un álter ego del agente Felipe.

Por ello es natural que la autodenominada Presidencia de la República, a través de su vocero para condolencias y explicaciones, Alejandro Poiré, haya hecho saber que el ingeniero García Luna goza del total aprecio de su jefe. De ser posible, el emocionado Felipe habría destapado a Genaro como candidato civil a un golpe electoral armado en 2012, pero por lo pronto la oportunidad solamente dio para ensalzar al heroico secretario federal de seguridad pública al que tanto deberá en el futuro lo que quede de país. Mucho ha cambiado en derredor de Calderón, en materia de su gabinete siempre en déficit, salvo el cargo rector, la secretaría estelar, la compañía obligada: nombres van y vienen en las oficinas principales de la PGR y de Gobernación, por ejemplo, pero el inmarcesible García Luna sigue en su silla. Nadie ha podido ocupar el íntimo hueco dejado por el inolvidable Juan Camilo Mouriño, pero nadie ha podido tampoco sacar a García Luna del ánimo cada vez más complacido y complaciente de Calderón.

En ese contexto, la petición siciliana de que Genaro Calderón hiciera renunciar a Felipe García Luna resultaba inmediatamente inviable y políticamente insuficiente. La responsabilidad absoluta de lo que sucede en un régimen marcadamente presidencialista, como es el mexicano, es de quien ocupa, al título que sea, la residencia de Los Pinos. Podrá argüírse que al orillar a FC a exculpar a GGL se está demostrando la connivencia, pero eso ni siquiera necesitaba de confirmación. O podrá decirse que el poeta convocante no quiso elevar la mira para no romper puentes. Lo cierto es que esa exigencia de que GGL renuncie se convirtió en la mediática síntesis endeble de lo que fue un movimiento vigoroso. A la previsible imprecisión del tiro se sumaron otras proclamas enarboladas el domingo en el Zócalo, sobre todo las relacionadas con la muy discutible reforma política (que así como está en las cámaras constituye solamente un conjunto de parches menores) y ciertas modificaciones discutibles, relacionadas con el Poder Judicial.

Calderón, mientras tanto, se ha concedido unos días de distancia internacional para no enfrentar directamente el asunto de la marcha y para esperar que el paso del tiempo enfríe y desgaste los ánimos críticos en su contra. Por lo pronto, ha planteado una respuesta política elemental: respeta la movilización dominical e incluso invita a los principales coordinadores a dialogar para que conozcan las razones del belicismo que impugnan. En segundo lugar, mediante un vocero, trata de enaltecer el trabajo del fabulador García Luna.

Y, por último, se desliza por Nueva York para cumplir con una agenda lucidora que pareciera contemplar éxitos de otro mundo y no de la realidad mexicana envilecida. Campeón de la tierra 2011 en el rubro de liderazgo político, según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y sin explicar si tales méritos en materia de tierra se refieren a los camposantos mexicanos en que la administración felipista ha sido indiscutible líder en suministro de materia prima. Pero no son los únicos reconocimientos, pues según Notimex, Naciones Unidas también decidió asignar otros dos al gobierno calderonista, ni más ni menos que por prevención y combate a la corrupción y por promover la participación de ciudadanos en la elaboración de políticas públicas mediante mecanismos innovadores. Humor negro de la ONU en tres tiempos, para beneplácito de la pareja triunfante, el binomio ejecutivo, Calderón y García Luna (se niega este tecleador a hacer algún acrónimo escatológico con las dos primeras letras del apellido de Felipe y las tres primeras del de Genaro: curiosos, absténganse).

Astillas

Alejandro Encinas se ha registrado como candidato en el estado de México y queda en espera del arranque de campañas. Aun cuando seguirá pendiente de resolver cualquier impugnación que el panismo haga a su residencia electoral en la entidad, en términos generales pareciera estar claramente delineado el escenario del combate comicial. En el PRI peñanietista no hay ánimos de poner piedras en el camino del opositor perredista, y el PAN no parece estar levantando ánimos victoriosos con la postulación del yunquista Bravo Mena... ¡Hasta mañana!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

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