Cada vez que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos así se burla de los trabajadores, la clase patronal arguye que el minisalario es sólo un referente, y que casi nadie percibe por su trabajo tan ridícula suma.
Pero hace dos años, la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en un reporte académico, reveló que, de hecho, el 47 por ciento de las mexicanas y los mexicanos percibe entre uno y dos salarios mínimos solamente. Y las cosas han empeorado en estos 24 meses.
Dicho estudio afirmaba que entonces el minisalario era suficiente para obtener sólo el 16 por ciento de la canasta básica alimentaria. ¿Y la luz, la renta, el gas, el agua, las medicinas y un enorme etcétera?
En el mejor de los casos, más de la mitad de las mexicanas y los mexicanos que tienen la suerte de tener un empleo, se las tienen que arreglar para que sus familias subsistan con unos 200 dólares al mes.
¿Qué no es el actual el Presidente del empleo, quien hace poco más de tres años clamaba que “un gobierno de izquierda es un peligro para México”?
Y según datos oficiales provenientes de ese mismo “gobierno del empleo”, de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) y del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) concretamente, existen en nuestro país más de 26 millones de trabajadoras y trabajadores sin prestaciones básicas como vacaciones, servicio médico, jubilación y prima de antigüedad.
¿Quién resultó ser, entonces, el verdadero peligro para México? ¿El “Presidente del empleo”, o quienes en la campaña presidencial de 2006 buscaban un sistema de producción con mayor justicia social?
¿Nos podría servir de consuelo saber que en todo el mundo mil millones de personas sobreviven con menos de 1 dólar al día; que en el nivel de pobreza “moderada”, sobreviviendo con menos de 2 dólares, hay 1,500 millones, y que en el rango de pobreza “relativa” hay unos 2,500 millones de seres humanos?
Es decir, sólo el 16 por ciento de la humanidad no padece algún grado de pobreza. Pero más grave aun es el hecho de que la miseria extrema se eliminaría con únicamente el 2 por ciento del dinero que percibe el 10 por ciento más acaudalado.
¿Hay, entonces, saldo positivo alguno qué celebrar en esta época navideña, cuando se cumplen 2009 años del nacimiento en este planeta de un Salvador?
Argumentaría la jerarquía eclesiástica que Cristo vino a salvar almas, pero habría que responder que las iglesias cristianas en su mayoría, y muy especialmente la católica, están aliadas no con las mujeres y hombres de salario mínimo, sino con quienes les explotan.
En todo caso, aquellas personas que aseveran que hace 2009 años, durante este diciembre, un Redentor vino al mundo, podrían quizá recordar que la madre misma de dicho Mesías, la Virgen María, según las escrituras, afirmó que Dios “derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes. Llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías”. (Lucas 1, 52-53).
¡Felices fiestas de diciembre y un año 2010 mejor que el que termina!
No hay comentarios:
Publicar un comentario