sábado 1 de mayo de 2010

Crónica de mi sobrevivencia ante una emboscada paramilitar

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“la lluvia de balas cayeron sobre nuestros vehículos, fue un milagro que
sobreviviéramos algunos que viajábamos en la Van”.

Por Roger Valle.
(Colaborador de Apia y Machetearte)

HUAJUAPAN DE LEON OAX.--- Medios estatales, locales y observadores de
derechos humanos empezamos a reunirnos en punto de las 8 de la mamana en
el parque de la libertad expresión de esta ciudad a los pocos minutos
arribo un contingente de maestros de la sección XXII del SNTE que dieron
el respaldo a los integrantes de la caravana por la paz que tenia destino
san Juan Cópala.

1035 horas: los medios y los integrantes de comunicación de observación
de Alemania y Finlandia abordamos la Van con el logotipo “Frente Nacional
indígena y campesino”, y encabezamos la caravana conformada de 6
vehículos, yendo entre ellos Omar Esparza Zarate, integrante del
movimiento indígena zapatistas, Macario García Merino, integrante del
municipio autónomo.

Los vehículos que conformábamos la caravana eran una camioneta Nissan de
color roja sin placas de circulación, un Volsvaguen color verde, el
vehículo marca Dodge, de color azul, con placas de circulación 4761-tnd
del estado de Quintana Roo; Ford Explorer de color negro, con placas de
circulación EAU 51-87 del estado de chihuahua y una camioneta Ranger color
blanca sin placas de circulación.

1345 horas: arribamos a la altura de la Gasolinera ubicada en la carretera
federal 135 Putla-Juxtlahuaca, se intercambian pláticas y se deciden que
vehículos entraran a la comunidad de Cópala, pero antes de eso arriba Omar
Esparza Zarate, quien dice que les reportaron que tres mujeres fueron
secuestradas y desconocen el paradero de ellas, por lo que insiste y
manifiesta que en caso de que se detecte el camino bloqueado no entremos.

1355 horas: exactamente en el paraje los pinos nos percatemos que estaba
bloqueada la carretera con piedras, cuando pretendíamos realizar algunas
tomas fotográficas del Cerro uno dice “hay gente armada de los cerros,
cuando de pronto una lluvia de balas caen sobre nosotros buscábamos como
esquivar las balas,” “vamos regresemos”, “demos vuelta”, cuando
proximadamente 15 personas fuertemente armadas venia sobre nosotros al
momento que una lluvia de balas caía sobre la van, solo vi cuando un
extranjero cae muerto por recibir un disparo en la cabeza; se podía ver
el odio de las personas que a sangre fría trataban matarnos.

Los gritos de las mujeres de desesperación creo un pánico y falta de
coordinación, cada quien buscaba salvar su vida, yo me tire al piso la
lluvia de balas cruzaban sobre mi, fueron segundos de terror
interminables; en el momento que dejaron de echar bala por estar cambiando
el cargador de su arma, grita uno “aprovechamos para salir corriendo”, yo
me arrastro hasta alcanzar el suelo caigo y emprendo una huida pero las
balas seguían tras de nosotros, éramos como el animal preso con su
cazador.

Buscamos como parapetarnos, el grito de alguien que decía “por aquí”, “ya
vienen vamos”, las balas no cesaban, unos tomaron otros caminos, solo se
escuchaban detonaciones de los cuernos de chivos que zumbaban las balas al
romper el aire, a unos los alcanzaron y los llevaron presos, hacia el rio,
otros buscaron la forma de salvar su vida, parecía una zona de guerra
donde el enemigo de los defensores de derechos humanos y de los medios de
comunicación tenían mucha ventaja.

Yo logre escapar y esconderme de un arbusto, mi otros compañeros se
escondieron dentro de unas piedras que estaban entre si, estuvimos por mas
de 4 horas, mi compañeros Rubén valencia (supe su nombre después, ya que
nunca se nos ocurrió preguntarnos nuestros nombre), los armados cruzaron
cerca de nosotros; mi compañero me dice “vámonos”, le contesto “no mejor
no, nos van a matar”, me pregunta ¿alguna vez han matado a periodistas,
estos? Le contesto, “que yo sepa no, pero estos están locos y muy
agresivos”, y acordamos mejor salir durante la noche.

Yo me daba por muerto, mentalmente estaba preparado, pero seguí luchando
por que habían cuatro personas que les prometí que regresaría a verlos “mi
amada esposa que tanto amo, mi hija y mis dos hijos, por lo que le rogué a
Dios que me ayudara, después que cayo la tarde decidimos salir a rastras y
después de varios metros de avance caímos frente a ellos.

Intentamos regresar pero a mis espaldas se escucho el cerrajear de un arma
por lo que nos detuvimos y nos llevaron presos nos tuvieron mas de 40
minutos uno de ellos nos dijo un discurso muy largo que mejor prefiero
omitir por motivos de seguridad; después nos permitieron salir según ellos
nos perdonaron la vida, por lo que emprendimos la caminada, eran como 2
kilómetros pero para nosotros era como querer caminar el mundo en una
hora.

Como aproximadamente a las 2135 horas de la noche, logramos salir a la
carretera nadie nos quería levantar y llevarnos hasta Santiago Juxtlahuaca
nuestro único amigo era la luna que nos alumbraba el camino, al cabo de
unos minutos paso un hombre que vende frutas y amablemente nos llevo hasta
Santiago Juxtlahuaca, “volvimos a nacer”.


Este suceso no se lo deseo a mi peor enemigo, pero es una muestra mas del
estado de descomposición que se vive en el estado, además esto es una
muestra mas de que algunos medios de comunicación estamos comprometidos a
darles la noticia desde el lugar de los hechos ya que no hay mejor noticia
que la que vivimos palpamos, vemos y sentimos aunque en ocasiones sentimos
que nos arrebatan la vida.

Le doy gracias a Dios Primero, y gracias a todos los medios nacionales,
internacionales que se han solidarizado conmigo, al NOTICIAS DE OAXACA
que me dio todo su apoyo, ya que después de ver los vehículos donde
viajaba y ser el segundo pasajero (detrás del chofer) no puedo ni yo mismo
saber como pude sobrevivir a la lluvia de balas de personas que no se
tocan el corazón para matar a quien solo pretende hacer su trabajo
periodístico y que otros medios por compromisos no hacen.

Lamento el fallecimiento de Alberta Cariño y del extranjero, y me alegro
por mis otros compañeros que lograron salvar su vida y les pido perdón si
no los pude ayudar pero créanme que en ese momento el único objetivo era
salvar mi vida a costa de todo y creo que ellos también pensaron de esa
manera.

Por ultimo quiero agregar que no fue nada fácil, sobrevivir a este artero
ataque contra nosotros como medios ya que solo contábamos con una cámara
y una grabadora que no matan como las armas pero si demuestran, plasman el
estado de sitio, agresión, violación de derechos humanos del cual son
objeto los pueblos indígenas.

Bolivia nacionaliza tres empresas eléctricas

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Sábado, 1/5/2010

ELPAIS.COM

Dos tienen participación de compañías de Francia y Reino Unido.- El Gobierno pasa a controlar el 80% de la generación de energía del país

AGENCIAS - La Paz - 01/05/2010

El presidente de Bolivia, Evo Morales, ha decretado hoy la nacionalización de tres empresas generadoras de energía con socios internacionales y de una cooperativa local, durante un acto celebrado en una planta eléctrica del centro del país con ocasión del Día de los Trabajadores. Con este medida, el Gobierno pasa a controlar el 80% de la generación de la energía del país, ha dicho Morales.

Las sociedades nacionalizadas son Corani, participada en un 50% por Ecoenergy International, subsidiaria de la francesa GDF Suez; Guaracachi, cuya socia principal es la británica Rurelec PLC, y Valle Hermoso, donde la mitad de las acciones pertenecen a The Bolivian Generating Group de la empresa Panamerican de Bolivia.

Según Morales, su Gobierno plantea compensar a los inversionistas por las empresas nacionalizadas. Morales tiene en mente conseguir, en un futuro cercano, la nacionalización de la totalidad de la capacidad eléctrica del país andino.

Murieron 29 civiles por fuego cruzado en abril

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En 16 estados hubo 44 enfrentamientos entre narcotraficantes y las fuerzas armadas. La lista de víctimas por esas balaceras la lideran Tamaulipas, Nuevo León y Nayarit.



México.- En el segundo mes más violento del sexenio se contabilizaron 44 enfrentamientos entre sicarios y las fuerzas militares en 16 estados del país, que dejaron un saldo de 29 civiles, 91 delincuentes y 14 agentes muertos.

Tamaulipas fue la entidad con más víctimas a causa de las balaceras entre ambos bandos, con un registro de 30 personas muertas, seguido por Nuevo León con 24 y Nayarit, donde 15 sujetos cayeron por este tipo de encuentros.

Abril registró un total de mil 97 ejecuciones, lo que representa un promedio diario de 36 casos, cifra similar a la de marzo.

Desde diciembre de 2007, Chihuahua se ha mantenido como el estado donde ocurren más muertes ligadas con el crimen organizado. En abril se contaron 355 ejecuciones, de las cuales 60 por ciento sucedieron en Ciudad Juárez, que representa una disminución de 20 por ciento respecto a los tres meses anteriores.

De esa manera, el número de fallecidos en ese municipio llegó a 4 mil 3 casos en lo que va de este sexenio.

Sinaloa se posicionó como la segunda entidad más violenta de los 30 días recientes con 143 ejecuciones y acumuló un total de 607 muertes en 2010

Un caso particular se presentó en Jalisco, que superó su récord de muertes en abril, ya que se contabilizaron 22 ejecuciones, cifra que no se registraba desde que comenzó el sexenio de Felipe Calderón.

Nayarit acumuló 27 asesinatos, lo que equivale al total de personas ejecutadas que hubo en 2009.

Los estados con operativos militares acumularon 79.7 por ciento de los asesinatos perpetrados por el narcotráfico, mientras que Estado de México y Distrito Federal concentraron 6 por ciento y el resto se distribuyó en los otros 14 estados de la República donde hubo ejecuciones.

Los días 15 y 16 de abril se posicionaron como las fechas más violentas con 56 personas asesinadas cada uno. Es decir, que en sólo 48 horas se ultimaron a casi 10 por ciento del total mensual.

La violencia del primer día cobró la vida de seis policías, cuatro civiles, tres de ellos mujeres y un menor de edad, mientras que al día siguiente ocho agentes murieron, cuatro de ellos en Tamaulipas que aparecieron colgados en un puente. Además, 35 murieron en Sinaloa, Chihuahua y Estado de México, donde dos mujeres y un menor fueron ajusticiados y encontrados con narcomensajes firmados por La Familia.

Los ataques del crimen organizado dejaron un saldo de 62 mujeres ultimadas. También se contabilizaron 25 menores de edad, siete funcionarios y 68 policías, 40 por ciento de ellos pertenecían a las fuerzas municipales, además de siete militares.

Durante abril de 2009, el número de muertes sumaron 560, mientras que en el mismo mes de 2008, las ejecuciones relacionadas con el narcotráfico fueron 270.

El acumulado de ejecuciones en 2010 superó ya a las 2 mil 773 muertes que se registraron en todo 2007. Los 3 mil 930 casos de este año son equiparables con las muertes que se contabilizaron de enero a noviembre de 2008 y con las sumadas de enero a julio de 2009.

Daños colaterales

El pasado 16 de abril, el presidente Felipe Calderón aseguró que los civiles inocentes que mueren atrapados en el fuego cruzado entre los delincuentes, son los menos.

Una semana después, en la ceremonia del 96 aniversario de la defensa del puerto de Veracruz, Calderón aseguró que esas muertes le duelen profundamente y solicitó un minuto de silencio por las víctimas.

En un encuentro con senadores el 12 de abril, los titulares de Sedena y Segob argumentaron que las muertes de civiles son “daños colaterales” que no los provoca el Estado.


Gráfico: Moisés Butze

Rafael López y Melissa del Pozo

En relación al Día Internacional de los Trabajadores: El papel del trabajo en la transformación del hombre en mono

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Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

En el año 1876 Federico Engels presentaba su ensayo "El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre". Explicaba ahí cómo el trabajo cumple la histórica misión de ir creando un ser cualitativamente nuevo a partir de una especie anterior. Es decir: el trabajo como actividad creadora comenzaba a transformar la naturaleza y abría un capítulo novedoso en la historia. .

Nunca hasta ese entonces –dos millones y medio de años atrás según lo que hoy día las ciencias arqueológicas pueden establecer– un animal había modificado consciente y productivamente su entorno. La actividad de las hormigas, de las abejas o de los castores, grandes "ingenieros" por cierto, no puede ser considerada una acción laboral en sentido estricto. Todas estas especies repiten desde tiempos inmemoriales su carga genética, no inventan nada nuevo, no se "desarrollan" y jamás, desde hace millones de años, evolucionaron en la forma de realizar su producción (los hormigueros o los panales son iguales desde siempre). Fue cuando nuestros ancestros descendieron de los árboles y comenzaron a tallar la primera piedra cuando puede decirse que hay "trabajo" en sentido humano, como actividad creadora, como práctica que transforma el mundo natural y va transformando al mismo tiempo a quien la lleva a cabo. Y desde que arrancó esa primera actividad con el primer homo habilis –en África, en lo que hoy es el norte de Tanzania– la evolución ha sido continua y a velocidades cada vez más aceleradas. En esa perspectiva, entonces, el papel del trabajo –como lo afirmara Engels– ha sido fundamental: fue la instancia que "creó" al ser humano. Pasamos de monos a seres humanos por el trabajo.

Es en esa lógica que tiene sentido entonces lo dicho por Hegel: "el trabajo es la esencia del ser humano". Gracias al trabajo dejamos de ser monos, nos civilizamos, dejamos atrás el mundo animal y fuimos construyendo un ámbito enteramente simbólico: fue quedando superado el instinto reemplazándose por la cultura.

La historia del ser humano, en definitiva, es la historia en torno a cómo fue organizándose ese acto tan especial, tan fundamental y definitorio que es el trabajo. Desde que nuestra especie pudo producir más de lo que necesitaba para sobrevivir, desde que hubo excedente, empezaron los problemas. Alguien –el más fuerte, el más listo, el más sinvergüenza, no importa– se apropió del excedente y surgieron las diferencias de clase social. Y así venimos hace ya varios milenios, a los tropezones, entre luchas a muerte entre poseedores y desposeídos, entre guerras y violencia ("la violencia es la partera de la historia" dijo Marx). Los que quedaron como propietarios en esta lucha de clases –sean amos esclavistas, casta sacerdotal, señores feudales, o más recientemente burguesía industrial, accionistas, banqueros, etc.– no ceden ni un milímetro de sus privilegios. Por otro lado, las grandes mayorías perjudicadas, que son los verdaderos productores de la riqueza social, los auténticos trabajadores –esclavos, campesinos pobres, obreros industriales, asalariados de toda laya (inclúyanse ahí los trabajadores intelectuales), etc.– arrancan beneficios y mejoras en sus condiciones de vida sólo a través de una lucha denodada contra sus opresores. Esa es la dinámica de la vida social. Si el trabajo es la esencia de nuestra existencia, tal como están las cosas lo menos que puede decirse es que sea placentero para las enormes mayorías trabajadoras. Mientras el trabajo siga siendo explotado por alguien –enajenado, para decirlo con el término de los clásicos, alienado– seguirá siendo una pesada carga para quien lo hace.

Esa es la historia de los trabajadores a través de estos 12.000 años desde que podemos reconstruir medianamente la historia: quien realmente produce, quien trabaja y crea la riqueza de las sociedades, está excluido de su aprovechamiento. Parece mentira que pequeñas minorías sean las que se apropian del producto del trabajo de enormes mayorías, pero esa es nuestra historia como especie. Hasta ahora no parece muy cierta esa máxima de "el trabajo hace libre", perversamente instalada en el campo de concentración de Auschwitz donde miles y miles de judíos fueron forzados a trabajar como esclavos hasta su muerte por los nazis. En estas condiciones de sociedad con clases sociales, ¿de qué nos libera el trabajo?

El mundo moderno basado en la industria que inaugura el capitalismo hace ya más de dos siglos ha traído cuantiosas mejoras en el desarrollo de la humanidad. La revolución científico-técnica instaurada y sus avances prácticos no dejan ninguna duda al respecto. Si bien es cierto que en los albores de la industria moderna las condiciones de trabajo fueron calamitosas, no es menos cierto también que el capitalismo rápidamente encontró una masa de trabajadores que se organiza para defender sus derechos y garantizar un ambiente digno, tanto en lo laboral como en la vida cotidiana. El esclavismo, la servidumbre, la voluntad omnímoda del amo van quedando así de lado. Los proletarios asalariados también son esclavos, si queremos decirlo así, pero ya no hay látigos.

Ya a mediados del siglo XIX surgen y se afianzan los sindicatos, logrando una cantidad de conquistas que hoy, desde hace décadas, son patrimonio del avance civilizatorio de todos los pueblos: jornadas de trabajo de ocho horas diarias, salario mínimo, vacaciones pagas, cajas jubilatorias, seguros de salud, regímenes de pensiones, seguros de desempleo, derecho de huelga. A tal punto que para 1948 –no ya desde un incendiario discurso de la Internacional Comunista decimonónica o desde encendidas declaraciones gremiales– la tibia Asamblea General de las Naciones Unidas proclama en su Declaración de los Derechos Humanos que “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure una existencia conforme a la dignidad humana. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.” Es decir: se consagran los derechos laborales como una irrenunciable potestad connatural a la vida social.

Vemos así que hacia las últimas décadas del pasado siglo esos derechos ya centenarios podían ser tomados como puntos de no retorno en el progreso humano, tanto como cualquiera de los inventos del mundo moderno: el avión, el televisor o la computadora. Por cierto estos avances sociales no son sólo patrimonio socialista: las conquistas laborales son ya mejoras de la humanidad toda. Pero las cosas cambiaron últimamente. Cambiaron en forma demasiado drástica, a gran velocidad. Y cambiaron a favor de las pequeñas minorías que manejan el mundo perjudicando a la mayoría de la población mundial, al amplio campo de los trabajadores.

Con la caída del bloque soviético hacia fines del siglo XX el gran capital se vio triunfador. En realidad no fue que terminó la historia ni las ideologías: ganaron las fuerzas del capital sobre las de los trabajadores, lo cual no es lo mismo. Ganaron, y a partir de ese triunfo comenzaron a establecer las nuevas reglas de juego. Reglas, por lo demás, que significan un enorme retroceso en los avances sociales que mencionábamos. Los ganadores del histórico y estructural conflicto –las luchas de clases no han desaparecido, aunque no esté de moda hablar de ellas– imponen hoy más que nunca las condiciones, las cuales se establecen en términos de mayor explotación, de pérdidas de conquistas por parte del mundo de los trabajadores. En otros términos, a fines del siglo XX y comienzos del XXI se llegó a condiciones de vida como en el XIX. La manifestación más evidente de este retroceso es la precariedad laboral que vivimos, la que se presenta disfrazadamente con el oprobioso eufemismo de "flexibilización" laboral.

Todos los trabajadores del mundo, desde una obrera de maquila latinoamericana o un jornalero africano hasta un consultor de Naciones Unidas, graduados universitarios con maestrías y doctorados o personal doméstico semi analfabeto, todos y todas atraviesan hoy el calvario de la precariedad laboral ("flexibilización", para usar el término de moda).

Aumento imparable de contratos-basura (contrataciones por períodos limitados, sin beneficios sociales ni amparos legales, arbitrariedad sin límites de parte de las patronales), incremento de empresas de trabajo temporal, abaratamiento del despido, crecimiento de la siniestralidad laboral, sobreexplotación de la mano de obra, reducción real de la inversión en fuerza de trabajo, son algunas de las consecuencias más visibles de la derrota sufrida en el campo popular. El fantasma de la desocupación campea continuamente; la consigna de hoy, distinto a las luchas obreras y campesinas de décadas pasadas, es "conservar el puesto de trabajo". A tal grado de retroceso hemos llegado, que tener un trabajo, aunque sea en estas infames condiciones precarias, es vivido ya como ganancia. Y por supuesto, ante la precariedad, hay interminables filas de desocupados a la espera de la migaja que sea, dispuestos a aceptar lo que sea, en las condiciones más desventajosas. Así las cosas, no se ve por ningún lado que el trabajo "nos haga libres".

Según datos de Naciones Unidas 1.300 millones de personas en el mundo viven con menos de un dólar diario (950 en Asia, 220 en África, y 110 en América Latina y el Caribe); hay 1.000 millones de analfabetos; 1.200 millones viven sin agua potable. En la sociedad de la información, la mitad de la población mundial está a no menos de una hora de marcha del teléfono más cercano. Hay alrededor de 200 millones de desempleados y ocho de cada diez trabajadores no gozan de protección adecuada y suficiente. Lacras como la esclavitud (¡esclavitud!, en pleno siglo XXI: la Organización Internacional del Trabajo reporta cerca de 30 millones), la explotación infantil o el turismo sexual continúan siendo algo frecuente. El derecho sindical ha pasado a ser rémora del pasado. La situación de las mujeres trabajadoras es peor aún: además de todas las explotaciones mencionadas sufren más aún por su condición de género, siempre expuestas al acoso sexual, con más carga laboral (jornadas fuera y dentro de sus casas), eternamente desvalorizadas. Según esos datos, también se revela que el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares –que pueden caber en un Boeing 747– supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el 45% de la población mundial. Trabajar, pareciera, no libera de mucho. Por eso, ante ese trasfondo patético, resalta como una más que apetecible salida ser deportista profesional, o narcotraficante. Ser mafioso ya no queda tan mal; se gana bien y no se trabaja…

En definitiva: en las condiciones en que el gran capital ha comenzado este nuevo milenio con un triunfo a escala planetaria que lo hace sentir imbatible, el trabajo, en todo caso, más bien nos transforma en monos, nos torna más animales. Y ante ello se ofrece como una salida infinitamente más atractiva para cualquier trabajador el negocio del narcotráfico: se gana mucho más trabajando muchísimo menos.

Pero la historia no está terminada.

Estas últimas décadas fueron de retroceso para los trabajadores, ello es evidente. Pero la lucha sigue. Nadie dijo que la lucha fuera fácil. Si miramos la historia queda claro que sólo con enormes sacrificios se van cambiando las cosas. Y sin dudas, aunque hoy pareciera que nos acercamos más al mono debido a estos retrocesos sufridos, de nosotros, de nuestras luchas depende recuperar el terreno perdido y seguir avanzando más aún como trabajadores, y como especie en definitiva. Recordemos las palabras de Neruda: "podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera".

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