¡Que se vaya Calderón!

Crónica de Política

Martha Anaya

November 12, 2009

Brazo con brazo, pasos al frente rápidos y decididos, entraban al zócalo Martín Esparza, Alejandro Encinas, Gerardo Fernández Noroña, Francisco Hernández Juárez, Jaime Cárdenas, Manuel Bartlett. Enfilaron hacia ese templaba –con vista hacia la catedral– desde donde colgaba una máscara de Felipe calderón y una manta al lado advertía: “Cuidado. Cuidado con las ratas… Javier Lozano nos quiere robar la electricidad.”

Eran las 16:55 horas. Porfirio Muñoz Ledo calentaba la arena política. Al frente, ante el micrófono, soltaba: (esos del gobierno) “toparon con un hueso duro, que no se jacten… ¡ustedes son invencibles!”. Les narraba a los ahí reunidos –una plaza a tres cuartos de lleno—que al ver esa mañana las rejas de metal ante su sede sindical había dicho: “¿cómo es posible que haya caído el Muro de Berlín y ahora se eleve el muro de Felipín?”

Las carcajadas se alzaron en esa tarde fría. Una enorme manta se agitó tras el legislador del Partido del Trabajo: “TV Azteca, Televisa, Movistar futuros dueños de la fibra óptica”. Muñoz Ledo siguió a voz en cuello: “¡Se acabó el abuso de Calderón! ¡Fuera!”. La gente respondía a sus arengas, agitaba sus carteles, sus banderas, y el legislador remataba con antiquísima consigna: “¡Muera el mal gobierno!”

Más aún, volvería al micrófono y corearía una y otra vez: “¡El Es-mé se queda/ Calderón se va! ¡El Es-mé se queda/ Calderón se va!”. Y el mismo grito se extendería a uno y otro lado de la plancha de la Constitución.

La idea se extendía. Más que en la marcha anterior (la del 15 de octubre), se veían ahora carteles demandando la destitución del Presidente de la República: “¡Que se vaya Calderón! Para poner fin a la inseguridad y el autoritarismo”, rezaban unos; “Juicio político a este gobierno fascista”, demandaban otros; “Tomemos el poder”, apuntaban otros más.

Daniel González Flores, primer orador oficial del mitin en apoyo del Sindicato Mexicano de Electricistas –estudiante del Colegio de Bachilleres que habló en nombre del movimiento estudiantil conformado por UNAM, Politécnico, Universidad Autónoma de Chapingo, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Prepas populares y Prepas rurales—resumió sus principales demandas en tres puntos: “la caída del gobierno espurio, rechazo al paquetazo y apoyo al SME”.

Tal era el ánimo que, como una culebra, se movía entre los electricistas y sus simpatizantes. Hacia allá enfocaba su ira. El grito de la muchedumbre repetía en el corazón del Zócalo: ¡Fuera! ¡Fuera!

Jesús Martín del Campo, Berta Luján, Ricardo Ruiz, Manuel Castillo, escuchaban ese grito desde el mismo templete en que colgaba otra enorme manta: la de los telefonistas. Su propio líder, Francisco Hernández Juárez se pararía ante el micrófono para advertir: “El PAN y este gobierno están en sus últimos momentos y quieren sostenerse agrediendo al sindicato más combativo para mantenerse en la Presidencia de la República.”

No esperemos, les diría, “un halo de generosidad de ellos”.

Agustín Rodríguez Fuentes, dirigente del sindicato de la UNAM, llamaría en cambio a la huelga nacional. Única arma, sostendría, que tienen los trabajadores para cambiar la política del actual gobierno. Otro tanto haría el líder de los electricistas, Martín Esparza, para restablecer el orden constitucional en el país.

“Somos millones los que estamos hartos y este movimiento debe alcanzar la huelga nacional. Hay condiciones. Emplazamos al Gobierno federal para restablecer el orden constitucional para la paz y el desarrollo de los trabajadores”.

Los gritos de ¡Huelga! ¡huelga! Tronaron esta vez.

La figura del secretario del Trabajo, Javier Lozano, no escaparía de las críticas ni de la demanda de su renuncia: “Que cobre su liquidación y que se largue; él es representante de los patrones y de empresas trasnacionales y ahora quiere dar clases de inglés, piano, tejido y bordado. Hay que llevarlo al banquillo de los acusados, hay que hacerle un juicio político”.

¡Fuera! ¡Fuera! , gritaron de nuevo los asistentes con su puño izquierdo en alto.

El mensaje de Martín Esparza se centraría finalmente en concretar un nuevo pacto social y establecer un movimiento social pacífico “para recuperar el poder desde el pueblo” y restablecer el orden constitucional.

Cientos de pancartas lucían se alzaron entonces con la consigna mayoritaria de esta marcha: “Seguimos en pie de lucha”.

Pero más allá de los discursos, una idea parecía haber permeado entre los ahí reunidos. Lo soltaban al partir, lo repetían al desandar sus pasos: “¡Que se vaya Calderón!”